Vientos de inestabilidad

El Gobierno ha anunciado que modificará la Ley orgánica de estabilidad presupuestaria para evitar que el Senado vete su propuesta de límite gasto. A finales de julio las dos Cámaras legislativas rechazaron la iniciativa del Gobierno y es necesario, por ello, una nueva presentación de esa cifra límite a partir de la cual se elaborarán los presupuestos generales del Estado.

Generosas concesiones a algunos grupos políticos están permitiendo atraer la adhesión de diputados a una favorable votación. Más difícil es variar el sentido de voto en el Senado. De ahí la idea de una reforma legal que permita saltarse la decisión de esa segunda Cámara. Y es que esa Ley orgánica de estabilidad presupuestaria, que tiene fecha de 27 de abril de 2012, situó al Congreso y al Senado en idéntica posición, a diferencia de lo que ocurre con la tramitación de los procedimientos legislativos. Sabemos que la Constitución española reconoce lógica prioridad del parecer del Congreso al establecer que, una vez que esa primera Cámara aprueba un texto normativo, si el Senado lo veta o enmienda, podrá el Congreso levantar tal veto o rechazar las enmiendas por mayoría simple (art. 90 CE).

Sin embargo, en esa Ley orgánica las dos Cámaras deben aprobar los objetivos de estabilidad presupuestaria y deuda pública propuestos por el Gobierno, teniendo en cuenta las recomendaciones y opiniones de las instituciones europeas, de manera especial, de la Comisión y el Banco central (art. 15). Tal opción es razonable. Por un lado, responde a una larga petición de la doctrina y de los políticos de resaltar las funciones de la Cámara Alta. Por otro, y más importante, no estamos ante un proyecto legislativo que requiera la aprobación del texto final por el Congreso de los Diputados. Estamos ante un relevante acuerdo del Gobierno para el que se exige la ratificación por ambas Cámaras. Porque la estabilidad es un elemento indispensable para garantizar el mantenimiento del nuestro Estado de bienestar. Recordemos que gracias a las medidas incorporadas en esa Ley orgánica se ha conseguido embridar las cuentas públicas, que miles de Ayuntamientos españoles presuman de equilibrio presupuestario y muchos cuenten con un envidiable superávit, que ha contenido los preocupantes índices de déficit público… Es decir, encuentra sólidos fundamentos que ahora se pretenden volver del revés.

El Gobierno no ha aprobado un proyecto de Ley, que contaría con estudios e informes que podrían dar alguna solvencia a su propuesta, entre ellos el del Consejo de Estado. Ha sido a través del grupo socialista como se ha presentado junto a otros grupos políticos, de los que depende, una proposición de ley en el Congreso de los Diputados. La proposición deberá seguir el procedimiento pautado en los Reglamentos de las Cámaras y, aunque se pretenda imprimir cierta agilidad, deberá respetar los trámites de publicación, plazo de presentación de enmiendas, toma en consideración, designación de una ponencia, deliberación en comisión, debate y votación en el Pleno, tramitación en el Senado, donde es probable que se rechace porque esa Cámara no querrá dar un paso atrás en su posición, lo que originará el retorno del texto al Congreso…

Sorprende por varios motivos esta iniciativa del Gobierno. Urge establecer los objetivos de estabilidad económica que tanto ayudan a mantener la necesaria confianza en las relaciones mercantiles y resultan indispensables para el sostenido crecimiento económico. Del mismo modo que urge conocer los límites de deuda pública ante la desbocada situación en que se encuentra.

Extraña esa medida del Gobierno de alargar una decisión que sería conveniente adoptar cuando antes para remitir esa propuesta a las instituciones europeas y elaborar los presupuestos generales del Estado. Si siempre tiene relevancia el proyecto de presupuestos generales, más interés tiene en estos momentos en que el Consejo de Ministros actual se ha configurado tras una moción de censura carente del indispensable programa de gobierno. Y es grave no tener programa y no saber qué hacer. Con sabiduría Séneca advirtió que ningún viento es favorable para quien no sabe dónde ir.

 

(Publicado en Expansión el día 25 de agosto de 2018).

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