Ideas para un año con nombre

Las instituciones europeas han declarado 2018 “Año europeo del patrimonio cultural”. Una decisión plausible. Resulta preciso insistir en las huellas de tantos artistas y pensadores que han ido abriendo el camino de Europa porque, como recuerdan las primeras palabras del Preámbulo del Tratado de la Unión, “inspirándose en la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa … se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona, así como la libertad, la democracia, la igualdad y el Estado de Derecho” .

Es cierto que son muchas y continuas las actuaciones que miman monumentos, acunan exposiciones o avientan melodías. Algunas conocemos gracias al saludo que nos hace el logotipo de la Unión en catálogos y carteles, muestra de la cofinanciación europea. También celebramos cada año la brillante idea de Melina Mercuri a partir de la cual se designan capitales europeas de la cultura; el Parlamento europeo otorga el premio “Lux” a aquellas películas que mejor ilustran la construcción europea; el programa Creative apoya la creatividad en el sector audiovisual y, así, se ha impulsado la gran plataforma “Opera visión” para deleite de los amantes de este gran arte; en fin, contamos con una colosal biblioteca digital que no deja de engordar, Europeana, con numerosos libros, mapas, periódicos, interesantes manuscritos y un largo etcétera de archivos.

Bien está, además, la aspiración de que todo este año nos empape la conciencia del sentir el patrimonio común. Mucho facilitaría la integración de las políticas públicas de la Unión si los europeos fuéramos más conscientes de la Historia, de tantos referentes comunes a los que debemos el avance de la civilización que disfrutamos y, sobre todo, de tantas obras artísticas, creación de europeos, que nos hacen palpitar. Es muy repetida una confesión de Jean Monnet. Manifestaba que hubiera querido rectificarse a sí mismo porque, si tuviera que volver a empezar a configurar la Comunidad europea, principiaría por la difusión de la cultura europea.

Bienvenido este 2018 como año europeo del patrimonio cultural.

Las instituciones europeas se han comprometido a encauzar ocho millones de euros para multiplicar campañas de información, debates, exposiciones y todo tipo de actividades que favorezcan el conocimiento de ese preciado patrimonio común. Destacadas noticias están ya accesibles con un simple movimiento de clic a través de cualquier dispositivo conectado a Internet.

No obstante, junto a ese estímulo deberíamos los ciudadanos y las empresas a través de las Administraciones y organismos públicos impulsar otras iniciativas para que tales vivencias abonen un mejor conocimiento cultural, rieguen todos los terrenos para evitar que crezca la planta de la muchedumbre iletrada y zombi, en fin, que fructifique una sociedad más ilustrada.

Por ejemplo, los Ayuntamientos podrían empezar a considerar cómo vamos a celebrar el próximo nueve de mayo, día de la Unión Europea. Del mismo modo, qué actividades organizar a través de recorridos turísticos contemplando monumentos adecentados, organizando conciertos, la proyección de películas que han marcado una etapa, encuentros con especialistas o creadores, exposiciones fáciles de integrar con la información disponible, citas gastronómicas… Las posibilidades son inmensas porque inmenso es nuestro patrimonio cultural. Conviene dedicar algunos momentos a su consideración y esta época es buena para planificar una floreciente primavera o un dilatado estío donde tantos pueblos pequeños acogen la visita de quienes buscan el apacible disfrute.

Hace años que Francisco Sosa Wagner y yo ofrecimos una singular propuesta en nuestras Cartas a un euroescéptico: realizar una consulta entre la ciudadanía con el fin de seleccionar cincuenta nombres indiscutibles de la cultura europea, nombres que a todos nos unen (Mozart, Cervantes, Goya, Rubens, Molière, Goethe…) y confeccionar con ellos una publicación sencilla al alcance de los quinientos millones de europeos. Sabemos que la Comisión Europea la está analizando pero, mientras tanto ¿por qué no aprovechar este año para realizar ya algunas consultas en nuestros pueblos e institutos? Sería bien asequible que desde los Ayuntamientos o desde las Administraciones educativas se convocara a los estudiantes a seleccionar, por ejemplo, a diez pensadores y artistas europeos. Cada curso académico podría centrare en una manifestación artística: compositores musicales, pintores, escritores, pensadores… y, a mi juicio, sería oportuno establecer una condición previa para mayor enriquecimiento del mundo europeo: excluir de esa elección a los genios españoles ya conocidos por los estudiantes.

En fin, tenemos una senda muy atractiva para caminar los próximos meses a través de las señas de tan rica herencia cultural. Feliz disfrute del arte.

 

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