Medidas del Gobierno y realidades en Cataluña

Al fin se reunió el Consejo de Ministros para precisar un conjunto de medidas con las que empezar a restaurar la legalidad y la seguridad jurídica en Cataluña. Muchos incumplimientos graves del orden constitucional hemos padecido que se han ido acelerando con loco frenesí: convocatorias ilegales de referéndums, desatención al Tribunal Constitucional, violencia contra los representantes judiciales y las fuerzas de seguridad, plenos ilegales del Parlamento, conculcación de los derechos de los parlamentarios, declaraciones de independencia apoyadas en el “mandato” de una convocatoria de pantomima, solemnes compromisos independentistas… Estaba más que justificada la invocación al instrumento excepcional de control regulado en el artículo 155 de la Constitución.

Por ello, el Gobierno ha solicitado al Senado la autorización para “intervenir” la autonomía. Porque el conjunto de medidas que se han anunciado no suprime ni suspende la autonomía, como mendazmente se difunde. Su finalidad es precisamente mantener la autonomía de Cataluña, que se aplique la Constitución pisoteada, que se respete el Estatuto de Autonomía ignorado, que funcionen las dependencias administrativas con normalidad y sin acosos, que se garantice la prestación de los servicios públicos esenciales y el respeto a la Ley para la buena marcha de las relaciones sociales y económicas… Y justamente para asegurar ese marco autonómico se cesa a quienes han violado la Constitución y han secuestrado las instituciones para su exclusivo interés.

La lectura del documento presentado al Senado genera por consiguiente esperanzas. Porque desde hace tiempo resultaba imprescindible proteger a tantos funcionarios que han sufrido presiones y también exigir responsabilidad disciplinaria, contable y penal a quienes persistan en el incumplimiento de la legalidad.

Como es urgente abrir las ventanas para que entren los aires de la información contrastada y crítica en aquellos espacios cerrados y pobres en ideas -no en remuneraciones- de los medios públicos de comunicación catalanes.

Sin embargo, no hay que engañarse. La práctica no resultará sencilla. La resistencia de las autoridades cesadas a salir de los despachos, el entorpecimiento en el seguimiento de las directrices por parte de los altos cargos que se mantienen, la posible impugnación judicial de los específicos acuerdos del Gobierno son algunos de los riesgos probables. La misma unidad de los tres partidos políticos ¿hasta cuándo durará?

Lo que sobrarán serán pues obstáculos pues hasta ahora ha sido fácil para los independentistas tocar la flauta con la melodía de groseras mentiras pues siempre aparece una muchedumbre dispuesta a celebrar algún espectáculo callejero. Ya sea por candidez, indolencia o ignorancia, lo cierto es que falta la valentía para morder el fruto de la sabiduría y de la duda, ese manjar que nos permite abrir interrogantes críticos ante mensajes populistas. En este caso, muchos deberían preguntarse si en el camino hacia la arcadia de la independencia no se atisba un paisaje tiznado por una corrupción que ha llenado con todo descaro los bolsillos de algunos significados responsables políticos catalanes. ¿Tiene noticia esa muchedumbre vocinglera y acosadora de las decenas de casos de corrupción abiertos y de los riesgos que con la independencia corren de quedar encerrados en un territorio aislado del mundo?

Incluso puede que no lleguen a aplicarse tales medidas del Gobierno porque más ágiles que Aquiles, el de los pies alados, han volado las sucesivas estratagemas de los independentistas. Es cierto que el avance de cualquier medida legal, llena siempre de garantías jurídicas, tiene un paso más lento… pero hay que reconocer que quebrantar el Estatuto, retorcer el reglamento del Parlamento catalán e inventarse ilegalidades es una gran habilidad de los independentistas. De ahí que, a mi juicio, no haya que descartar que el actual Presidente autonómico convoque unas elecciones y que, tras esa convocatoria, la muchedumbre inicie la celebración que lleva días esperando de la independencia proclamada… Una independencia presta a ser reconocida por Venezuela o Corea del Norte templos de la democracia y del respeto a las libertades.

Debemos estar por ello prestos a enarbolar el ánimo que mostraba Don Quijote y, frente a quienes padecen encantamientos fruto de bebedizos de inútiles soberanías, defender con brazo vigoroso la libertad e igualdad de los ciudadanos. Es decir, el compromiso con ese ídolo huidizo pero acogedor que es la razón.

 

(Publicado en el periódico Expansión el día 23 de octubre de 2017).

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